viernes, 27 de octubre de 2017

Black Bombaim & Peter Brötzmann

La banda portuguesa de rock experimental o psicodélico o como quiera etiquetarse a los Black Bombay, publicaron el pasado año un disco único que estuvo entre mi elección de discos favoritos, concretamente siendo el 1 de los 10+1 que elegí. Esto porque tampoco es que pueda decirse que sea un disco de jazz, lo cual importa poco, pero tampoco muy alejado de él.

Me estoy refiriendo a ese experimento sonoro que es el disco de Black Bombaim con la leyenda de la escena libre europea, el gran Peter Brötzmann. Un disco publicado por una colaboración entre el sello ShhPuma, un subsello de clean feed y el sello lovers & lollypops y que mezcla el mundo del rock alternativo y el free jazz europeo buscando aquellos puntos en los que pueden converger dos estilos aparentemente tan antagónicos.

No era la primera vez que esto ocurría, pues en la discografía de la banda portuguesa destacan precisamente dos álbumes, "Far Out" y "Live at Casazul" en los que colabora otro titán de la escena de la free como es el saxofonista portugués Rodrigo Amado, pero no cabe duda de que la participación de Peter Brötzmann en este proyecto, le ha dado una relevancia y una consistencia que no se encuentra en los citado álbumes en los que la participación de Amado es una colaboración puntual en un disco de los Black Bombaim, mientras que en el caso de Brötzmann, es un proyecto compartido en su totalidad, lo que genera un concepto diferente.

El pasado miércoles 25 de octubre, tuve la ocasión de asistir al concierto celebrado en el Music Box de Lisboa en el que presentaron el citado disco en un directo difícil de olvidar.

Salían al escenario los tres integrantes de Black Bombay acompañados de Peter Brötzmann, cuya presencia llenó el escenario y acaparó la atención gracias a su ya irónica imagen y figura, dando inicio al concierto con un solo de tenor que, tal y como ocurre en el disco, dio inicio a un concierto lleno de energía, y sin tregua en el que apenas hubo un respiro entre tema y tema. Con el característico sonido del saxofonista alemán, fuertemente influenciado por Albert Ayler y que le valió el apodo de Machine Gun, como el título de su álbum más emblemático, se hizo el silencio en la sala para anteceder a la tormenta y el estruendo que a un volumen endiablado, es el directo de esta banda que sin duda posee una energía que casa muy bien con el sonido de Brötzmann.

El desarrollo del concierto fue casi tal cual el repertorio del disco, con pocos momentos de calma en medio de la enérgica propuesta, que consiste en unos temas largos y progresivos que lanzan de una manera increíblemente coherente las improvisaciones de Brötzmann. Música auténtica, sincera y sin concesiones, poco más de una hora seguida de concierto que terminó sin pausa y sin bises, creando un verdadero trance sonoro y rítmico.

Increíble ver a un Brötzmann de nada menos que 76 años de edad, en un concierto con esta energía. Por muchos años!

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